¿Por qué tenemos miedo al vehículo autónomo?

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vehículo aut´nomo conducir sin conductor

Todo parece indicar que todavía harán falta muchos años para que el vehículo 100% autónomo, el llamado Nivel 5, sea una realidad; o que veamos cientos de coches conduciendo solos por las calles. Pero eso no nos impide ilusionarnos por la tecnología del futuro, como la que trae el vehículo conectado, hablar de ella, o compartir estudios al respecto.

Intel ha publicado uno de esos estudios con los que la tecnología de conducción autónoma se aleja unos cuantos años más de nuestras calles debido a que los conductores tenemos miedo al vehículo autónomo. En otras palabras, todavía no estamos mentalmente preparados para que conduzca una máquina.

¿Sabes cómo funciona un vehículo autónomo?

Cuando nos preguntamos cómo funciona un vehículo autónomo podríamos ponernos a nosotros mismos como ejemplo de su mecanismo, ya que el proceso de conducción no es tan diferente en máquinas y humanos como pudiera parecer en un principio.

En primer lugar, el vehículo autónomo cuenta con una batería de sensores con los que puede ver el entorno. Dispone de cámaras de vídeo comparables a nuestros ojos, por ejemplo. Pero también de sensores de radar con los que conocer la posición de otros coches; sensores ultrasónicos, muy útiles para controlar la distancia a los mismos; o láseres LiDAR, con los que hacer barridos de la carretera a muy rápida velocidad. Mucho más rápido que un humano.

Una vez recopilada toda esta información, esta acaba en el procesador (o cerebro) del vehículo, una máquina similar a un ordenador y que es la encargada de tomar las decisiones en base a los datos que le llegan. Para decidir qué tiene que hacer en cada momento, tiene en cuenta la posición del vehículo en un mapa digital, así como la ruta o el estado del tráfico. En otras palabras, los vehículos autónomos se apoyarán sobre tecnologías como las que ofrecen hoy día los servicios de Coyote.

Cuando este cerebro electrónico ha tomado una decisión, la transmite a la dirección, las ruedas o el sistema de frenado del mismo modo que nosotros: pulsando pedales o moviendo palancas. Con la diferencia de que estas son virtuales en el Nivel 5 de conducción autónoma.

Dicho esto, parece que la única diferencia entre el vehículo actual y el autónomo es que el conductor sea otro, y que ese otro sea una máquina a la que cedemos nuestro asiento de piloto, y precisamente ahí radica el problema a la hora de aceptar la conducción autónoma, nos da miedo.

Las personas tenemos miedo a que conduzca una máquina

Si alguien nos asegura que los vehículos autónomos conducirán mejor que nosotros, y que tendrán menos accidentes e imprevistos en la carretera (desde las empresas de tecnología que llevan a cabo estos desarrollos nos dicen que es así), nuestra parte racional del cerebro no tiene demasiado problema en dejar conducir a una máquina.

No obstante, hay más puntos que atender, como nuestra propia biología, que no se toma demasiado bien la cesión de todo el control del vehículo; o la cultural, en la que conducir puede incluso suponer cierto estatus social.

Hemos visto, cuando hemos hablado de la amaxofobia (el miedo a conducir) o la cinetosis (los mareos al volante), la importancia que tiene nuestro cuerpo en la conducción. Nuestra biología se revela en forma de miedo cuando permitimos a nuestro coche que sea este quien nos lleve de un lado a otro.

Según Jack Weast, principal ingeniero y responsable de las soluciones de conducción autónoma de Intel, «la gente está completamente asustada de los coches-robot». Se estima que el 75% de los americanos se sienten inseguros con una conducción totalmente automatizada porque las personas queremos tener el control o, al menos, gran parte del mismo.

manos en el volante

West afirma que hay algo clave a la hora de aceptar esta nueva tecnología, y es la exposición que tenemos a ella. Si nunca hemos visto un vehículo autónomo, como el grueso de las personas del estudio, es más probable que tengamos miedo a que conduzca por nosotros.

Además, tras un experimento en que se subía a varios grupos de personas (voluntarias, por supuesto) a coches robot, se llegó a la conclusión de que, más que saber cómo funciona, la gente quería ver funcionar la tecnología.

Aunque no era una experiencia demasiado agradable, los participantes confiaban más en el vehículo autónomo si este había evitado con un frenazo un atropello, y menos cuando la conducción se había realizado sin sobresaltos.

Pero quizá no sea necesario llegar a esos extremos para hacernos a esta tecnología futurista, ya que muchos conducimos vehículos parcialmente autónomos, sin saberlo.

Nuestros vehículos ya son un poco autónomos, aunque no nos demos cuenta

Cuando se habla de vehículos autónomos se suele pensar en el mencionado Nivel 5, en que el coche lo hace todo. Sin embargo, los niveles del 1 y 2 son bastante comunes en nuestras carreteras.

Por ejemplo, la asistencia en la conducción que supone la velocidad de crucero pertenece al primer nivel de la conducción autónoma. En esta no cedemos todo el control, sino tan solo la velocidad máxima que el vehículo puede alcanzar, que fijamos nosotros y que podemos cancelar cuando pisamos el freno.

El detector de cambio de carril (LDW), que nos avisa si estamos saliendo del mismo con un sonido o una vibración en el volante, y su actualización, LKS (Lane Keeping System), que corrige automáticamente nuestra trayectoria, son ejemplos del Nivel 2 junto con el sistema de frenada de emergencia AEB.

Esta tecnología la encontramos ya presente en muchos coches, así como en camiones capaces de frenar en pocos metros y salvar vidas, como los del test que se ve en el vídeo de arriba.

El admitir la automatización parcial significa que hacemos una importante diferenciación entre la conducción 100% autónoma y la cesión de parte de ella, aceptando dar un poco de protagonismo a las máquinas si implican una conducción más segura. Cualquier otra opción nos da miedo.

 

Un aumento de la seguridad es clave para la implantación de la tecnología, algo que hemos visto en cómo la Comunidad Coyote ha ido creciendo a medida que nuevas alertas podían ser dadas de alta tanto en los dispositivos como en la aplicación Coyote.

Todavía quedan años para conducir un vehículo autónomo, pero ya puedes probar la aplicación Coyote de manera gratuita, y beneficiarte de sus ventajas, descargándola aquí.

 

En Coyote | El coche conectado, una oportunidad para los conductores y para las ‘telecos’

Imágenes | iStock/RossHelen, iStock/turk_stock_photographer

 

 

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