Test para identificar si tu coche es el verdadero amor de tu vida

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Hay en ciernes una fecha señalada para los enamorados y no es el 14 de febrero. Es el próximo 27 de junio de 2017, cuando se cumple una fecha señalada: los 60 años del primer SEAT 600 que salía por el portón de la cadena de montaje en la Zona Franca de Barcelona.

Aquellos “pelotillas” cambiaron los hábitos vacacionales de nuestro país. España no tardó en empezar a movilizar a toda la parentela, desde la suegra a los churumbeles, y entrar en la era del dominguero a paso de procesión. Encajados en esos duros asientos de escay sin cinturón de seguridad ni airbags, de un sitio para otro, fuese a la arboleda de las afueras o por las sinuosas carreteras de costa, la única protección efectiva era la medallita de San Cristóbal pegado en el salpicadero entre las fotos familiares y el rosario colgado del espejo retrovisor.

El coche era el estímulo aspiracional de miles y miles de familias españolas, aquellos utilitarios con apelativos cariñosos como “cuatro latas”, “dos caballos”, “escarabajo”, “tiburón”, “dogedar”, “bocanegra”, “forfi”, “mini”, “chorizón”, “bulli”… que cuando llegaban al pueblo levantando polvo y pisando cacas de vaca significaba que las cosas iban fetén en la capital. Y es que, gracias al seiscientos, el sueño de tener y conducir tu propio coche ya no parecía un imposible. Se puede pensar que eran una ganga, apenas 390 euros al cambio de hoy, pero esas 65.000 pesetas que costaban había que sudarlas para poder hacer frente a las interminables letras mensuales.

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Y ahí comenzó esta historia de amor entre el coche y su propietario. Pero ¿se puede uno enamorar de su utilitario? Cosas más raras se han visto, como la que se ha casado con la estatua de la Libertad de Nueva York o con la torre Eiffel de París. Qué tontería, dirás… pues ándate con ojo, y pasa este breve listado de situaciones a ver si te reconoces… no vaya a ser que tu dependencia sobre ese “hijo tonto” no sea mayor de la que te crees.

1. Limpio no, lo siguiente. Todo el tiempo que no te tiras delante del espejo te lo pasas en el garaje puliendo la carrocería con la gamuza y las ceras reparadoras: dos minutos para tu pelo, cuatro horas para maquear el coche de arriba abajo. No has pasado la aspiradora en tu vida por la alfombra del salón, pero eres caz de desmontar un asiento y retirar el panel de una puerta para eliminar la mota de polvo más remota.

coche limpio

2. Tú a Londres y yo al concesionario. Para ti un buen plan familiar para el fin de semana es ir al centro comercial. Al margen de ponerte al volante del tuyo, mientras tu mujer y los niños se dirigen raudos al tiovivo a dar vueltas, tú te centras en el concesionario y te montas en todos los coches, tocando todos los botones del salpicadero y viendo qué se siente sobre ese asiento.

3. Mi tesoooro. Dile a papá que me voy de la ciudad. Hoy toca cena en casa del cuñado y hay que llevar a la suegra. Sin problema, llegas y aparcas enseguida casi en la puerta misma. Pero te pasas toda la velada asomado a la ventana, no te fías de esos andurriales ni de sus vecinos. Bajarías incluso a cambiar de sitio el coche para dejarlo debajo de la única farola que alumbra.

4. Las 1.001 historias dentro de un coche. Tus momentos más intensos y los más apurados los has pasado dentro de tu coche, para bien o para mal. Allí le robaste algo más que un beso a tu entonces novia, y en él la llevaste con el pañuelo asomado a la ventanilla y dando bocinazos camino de la maternidad y subiéndote a las aceras.

5. No todo vale. Cuando se trata de ordenar tu despacho la anarquía parece la regla, pero cuando se trata de montar en tu coche… las reglas las pones tú: Prohibido comer y fumar dentro. Prohibido peinarse y pintarse las uñas. Prohibido criticar la edad o el kilometraje del vehículo. Prohibido cambiar la sintonía de la radio. Prohibido subir con los zapatos embarrados. ¿Has pisado una caca de perro? Pues te vuelves andando, chato.coche

6. La transformación del que conduce. En casa eres el hombre tranquilo, los chorreos de tu parienta te resbalan que han dejado surco en tu rostro. Pero cuando estás al volante, ay cuando estás al volante, el diccionario cheli de Ramoncín, Umbral y Cela se quedan cortos para expresar todos los insultos e improperios que tu boca es capaz de escupir y vociferar.

7. Te presento a… Si Michael Knight llama minino a su coche (“Kitt, ven aquí”), por qué no ibas a ponerle tú nombre al tuyo. Eso sí, un nombre cariñoso para que sepa quién es el amo y te reciba con los warning parpadeando cuando aún estas a ocho metros de él.

8. La baba es viral. Y si en el barrio no ha quedado claro de quién es tu coche, ya te encargaras de reforzarlo en las redes sociales. Facebook, Instagram, YouTube… cientos de registros etiquetados como “mi carro”, “mi buga”, “mi pepino”. Sí, es normal que tu chica se sienta un poco celosa y muy frustrada.

9. Cuidadito con ensuciar. Te encanta ahuecarte en los semáforos y expeler los vientos salvajes, hacer pelotillas con el producto interior bruto de tu nariz o ponerte romántico sobre la tapicería. Pero si hay que bajar a la playa, no será en tu coche, que se llena de arena y sal. Por no mencionar el dineral que te dejas en ambientadores fétidos.

10. Yo por mi coche hasta leería. No has abierto un libro en tu vida que tuviera más de cien páginas, pero el manual de mantenimiento del coche está entre tus libros de cabecera y no deja de acompañarte cada vez que te encierras en el excusado. ¡Te lo has leído hasta en holandés!

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11. ¿Geek? ¿Teckie? ¿Friki? Tu coche tiene matrícula del siglo pasado, pero no le falta ningún extra que se recargue a través de un USB o el mejor avisador de Coyote que te garantice una conducción segura . Si Google quisiera contarte, te sorprendería todo lo que sabe de ti y tus escapadas secretas…

12. No pienso en otra cosa. Vives en una serendipia continua con tu coche, todo te evoca a él. No importa dónde estés, un color, una matrícula, un anuncio en la radio, un coche gemelo aparcado… todo te recuerda a él, pobrecito, camino del desguace. Pero a que ya estás pensando en el otro…

 

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